Conducción y medicamentos

Algunos estudios señalan que entre el 4% y el 8% de los accidentes de tráfico tienen su origen en los efectos adversos producidos por medicamentos sobre el conductor.

conducción y medicamentos

Estos efectos adversos, que afectan negativamente a la capacidad para conducir se dividen en cuatro grupos:

(1) Sedaciones (somnolencia, disminución de la alerta, etc.);

(2) Alteraciones oculares (visión borrosa, deficiente percepción de las distancias, etc.);

(3) Alteraciones auditivas (zumbidos, acufenos, etc.);

(4) Vértigos, temblores, pérdida de coordinación motora…

Si de lo que hablamos es de tipos de medicamentos, aquellos que potencialmente más pueden afectar a nuestra capacidad de conducción son los ansiolíticos, antidepresivos y tranquilizantes.

En un segundo lugar quedarían algunos colirios o pomadas oftálmicas que pueden influir sobre nuestra visión y los antihistamínicos que habitualmente usamos para tratar resfriados o alergias, ya que pueden producir disminución de los reflejos, sedación e incluso somnolencia.

Regulación

A pesar de que la Unión Europea, exige que los medicamentos que se comercializan se clasifiquen en tres categorías según su capacidad para alterar la conducción de vehículos, la normativa española solo exige que se mencionen “los posibles efectos sobre la capacidad para conducir un vehículo” relacionados con la somnolencia o reducción de reflejos.

De todas formas, en caso de duda sobre los posibles efectos que pueda tener un medicamento en la conducción, es imprescindible consultar al farmacéutico.

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