Abróchense el cinturón. Comienza la película

Camden, Nueva Jersey, un 16 de mayo de 1933, en las oficinas de Whiz, una empresa de lubricantes para autos, su director de ventas Richard Hollingshead Jr, recibía la patente de lo que hasta entonces era un proyecto para relanzar su firma. Abrir el primer “Drive-in-Theaters” o Autocine de la historia.

 

autocine

 

20 días después, un 6 de junio del mismo año, inauguraba el primero, al cual acudieron alrededor de 600 espectadores a ver su primera película al aire libre, la comedia británica “Wives Beware” protagonizada por Adolphe Menjou. ¿El resultado? Estaban dando el primer paso de lo que se ha convertido en un icono mundial de la cultura de los Estados unidos en la década años 50.

 

El fenómeno Autocine fue uno de los que más creció en cuanto a calidad y cantidad. En 1953 ya eran más de 4.000 los autocines registrados en EEUU, con su punto álgido en el momento en el que se emitían películas como Grease o Twisterr, películas donde además el autocine se convertirá en el escenario de la acción.

El sistema de entretenimiento también fue mejorando con el paso del tiempo. Se instauraron zonas de ocio diferentes, la comida copaba los alrededores con ofertas y precios más que asequibles, que se transformaban en cuantiosos ingresos. El sonido, parte fundamental de este show, se situó a la vanguardia de la época. Comenzó con dos grande altavoces alrededor de la pantalla, sustituidos más tarde por altavoces individuales introducidos en cada vehículo mientras esperaban la llegada de la retrasmisión por frecuencia de radio, donde cada cine poseía una frecuencia. Bastaba con sintonizar en la propia radio dicha frecuencia para poder escuchar el sonido de la película.

 

No obstante, la época dorada tocaba a su fin, y comenzaron a perder su éxito debido a la intrusión del vídeo en los hogares de los cineastas. Tras varios intentos de supervivencia, de los casi 5.000 autocines que existían a principios de los 60, pasaron a quedar apenas 400. Pero sin embargo, y como sucede con todo aquello que conecta a una generación con su pasado, los autocines se resisten a morir. Y el mejor ejemplo lo tenemos en casa, en Madrid.

 

Esto se debe a que en la zona de Fuencarral -Chamartín, el autocine más grande de España y Europa ofrece desde hace unos meses la posibilidad de acudir con nuestros vehículos y disfrutar de los grandes clásicos del cine de todos los ciclos, acompañado de una gran oferta gastronómica.

 

Patrocinado por el Real Automóvil Club de España (RACE), es un complejo cultural permanente al aire libre, que ocupa un espacio de 25.000 metros cuadrados en el norte de la capital.  Gracias a su titánica pantalla de 250 metros cuadrados, los espectadores podrán disfrutar de un espectáculo que mezcla la esencia clásica de estos territorios, con la comodidad de la tecnología más actual. Ejemplo claro el del sonido, que se sintoniza desde el equipo de nuestro propio vehículo a través de una emisora de FM.

Su horario de apertura tampoco impide su visita, ya que sus puertas están abiertas los 365 días del año, con capacidad para 1.500 personas, lo que se traduce en 350 plazas de aparcamiento. Pero esto no acaba aquí, ya que para los amantes del cine tradicional, Autocine Madrid cuenta con una zona de butacas de 450 metros cuadrados y capacidad de 100 personas. El espacio de ocio servirá, además, para la realización de eventos y la difusión en streaming de acontecimientos de calado nacional e internacional.

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